Descubra la excelencia de Virgilio García Veli: Conozca Magaya, el legado en chocolate de un maestro medallista mundial

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Hay trayectorias que no se cuentan en años, sino en convicciones. La de Virgilio García Veli es una de ellas. Cacaocultor y maestro Chocolatero de Pangoa (Satipo – Junín), su nombre resuena hoy en la industria internacional del chocolate fino como sinónimo de excelencia, innovación y respeto absoluto por el origen. Pero para comprender la magnitud de sus logros, las medallas de oro en Londres, los galardones en París, el nacimiento de su propia marca Magaya, es necesario remontarse al principio y conocer su historia.

Fuente: Magaya SAC

La raíz de una vocación

El vínculo de Virgilio con el cacao no comenzó en un laboratorio ni en una fábrica. Comenzó en la infancia, cuando acompañaba a su madrina (una mujer de la comunidad nativa nomatsigenga) a cosechar mazorcas selva adentro. Mientras ella trepaba ágilmente con una faja para cortar los frutos, él esperaba abajo para beber el jugo fresco de la pulpa, empapándose sin saberlo de una lengua, unas costumbres y un territorio que marcarían su destino para siempre.

Esa conexión sensorial y cultural se fortaleció durante sus estudios en el instituto, donde aprovechaba la cercanía de unas plantas de cacao para seguir consumiendo el fruto en su estado más puro. Más tarde, ya con una vocación definida, afianzó sus conocimientos técnicos realizando prácticas profesionales en la Universidad Agraria de la Selva, en Tingo María. Lo que estaba germinando no era un simple interés académico: era una misión de vida.

De un joven que apoyaba a un líder que transformó una cooperativa

En julio de 2004, su historia profesional dio un giro inesperado. Llegó a la Cooperativa Agraria Cafetalera Pangoa para apoyar cubriendo el turno de un familiar por solo quince días. Lo que comenzó como un apoyo temporal se convirtió en un viaje de dos décadas. Porque cuando se lleva el cacao en la sangre, no hay plazos que valgan: hay un propósito que se impone.

Su primera incursión directa en la producción de chocolate nació de la curiosidad y del espíritu emprendedor. Cuando obtuvo su primera cosecha personal de seis kilos de cacao, tomó una decisión que definiría su carácter: no venderla en grano, sino transformarla. En aquel entonces, Pangoa no contaba con maquinaria especializada, así que Virgilio elaboró sus primeras barras de manera completamente artesanal, utilizando leña y un batán de piedra. Fue un acto fundacional: la técnica era rudimentaria, pero la visión era monumental.

La cooperativa supo reconocer el talento. Lo envió a especializarse en la Universidad Politécnica de España, donde se formó en procesos industriales a gran escala, técnicas automatizadas y, sobre todo, en el arte de la chocolatería artesanal de alta gama. Regresó al Perú con un conocimiento que pocos dominaban en la región y con la determinación de poner a su tierra en el mapa mundial del chocolate fino.

Fuente: Magaya SAC

Innovación, creación de productos y reconocimiento internacional

Con el respaldo de la cooperativa Pangoa, Virgilio desplegó una etapa de creación sin precedentes. Desarrolló una línea completa de tabletas con distintos porcentajes de cacao 100%, 70% y 55% , que rápidamente destacaron por su calidad excepcional y su impecable perfil sensorial. Pero no se detuvo ahí. Impulsado por una curiosidad inagotable, llevó la innovación a nuevos territorios: apostó por el chocolate crudo, una propuesta revolucionaria que conservaba intactas las propiedades naturales del cacao sin someterlo a altas temperaturas, y perfeccionó el chocolate con leche al 55%, logrando una textura cremosa y un equilibrio de sabores que cautivó a los paladares más exigentes.

Cada producto era el resultado de una metodología rigurosa que él mismo implementó: el sistema «Tree to Bar» del árbol a la barra, una filosofía de trazabilidad absoluta donde cada etapa del proceso fermentación, secado, selección, tostado y elaboración final estaba bajo un control meticuloso. Como catador certificado, Virgilio seleccionaba personalmente los mejores granos.

Los resultados no tardaron en llegar. Los reconocimientos internacionales se sucedieron uno tras otro, consolidando el trabajo en conjunto con la Cooperativa Agraria Cafetalera Pangoa. Cada galardón representaba algo más que un trofeo: era la validación global de que el cacao nativo peruano, trabajado con excelencia y respeto, podía competir de igual a igual con las más prestigiosas casas chocolateras del mundo.

El nacimiento de Magaya: Independencia y legado familiar

El nacimiento de su primer hijo, Mark, marcó un punto de inflexión definitivo. Tras acumular tres años de vacaciones sintió con claridad que el siguiente paso en su trayectoria no era profesional, sino vital: necesitaba más libertad y más tiempo para su familia. En julio de 2024, al cumplir exactamente dos décadas en la organización, tomó la difícil decisión de renunciar. Lo hizo con responsabilidad, dedicando dos meses a capacitar a su relevo para asegurar la continuidad de la producción que tanto había impulsado.

Con los ahorros decidió comprarse sus primeras maquinas propias, y fundó su propia marca independiente: Magaya, un nombre que incluye las iniciales de su hijo y que sintetiza su nuevo propósito: crear un legado con sello propio. Actualmente trabaja con cacao de tres orígenes distintos de la región: Villa Colonia (cacaos nativos trinitarios de semillas amarillas y rojas), Esmeralda (cultivado a 1,200 metros sobre el nivel del mar, con un perfil cremoso y notas a nuez) y Jerusalén (colindante con la comunidad nativa, de una complejidad que combina frutas y nueces).

Ya con planta propia, Virgilio no se limitó a replicar lo aprendido. Apostó por la innovación con ingredientes profundamente peruanos que hablan de identidad y territorio. En 2024 Magaya participó en el Salón del Cacao y Chocolate, presentando creaciones que rápidamente fueron galardonadas. Asimismo el año 2025, estas innovaciones trascendieron fronteras y obtuvieron 3 medallas mundiales del Chocolate 60% Cacao con Masato, consolidando a Magaya no solo como una marca emergente, sino como un referente de la chocolatería peruana independiente con proyección global.

Fuente: Magaya SAC

11 Medallas de Magaya en sus 2 años de creación

International Chocolate Awards – WORLD 2025

  • Premio Especial (Reinterpretation): Chocolate 60% Cacao con Masato.
  • Premio Especial (Local Ingredients): Chocolate 60% Cacao con Masato.
  • Medalla de Bronce: Chocolate 60% Cacao con Masato.

International Chocolate Awards – PERUANO 2025

  • Medalla de Oro: Chocolate 40% Cacao con Zapallo Nativo.
  • Premio Especial (Gastronomic): Chocolate 60% Cacao con Masato.
  • Medalla de Plata: Chocolate 60% Cacao con Masato.

Salón del Cacao y Chocolate Internacional – PERÚ 2024

  • Premio Especial (Innovation): Chocolate 60% cacao con Shapaja.
  • Medalla de Oro (Direct Traded): Chocolate 60% cacao con Shapaja.
  • Medalla de Oro (Chocolate Maker): Chocolate 60% cacao con Shapaja.
  • Medalla de Oro (Categoría general con ingredientes alternativos): Chocolate 60% cacao con Shapaja.
  • Medalla de Bronce: Chocolate 40% cacao con camote nativo.

Un presente que honra el origen y proyecta el futuro

Hoy, el maestro Virgilio divide su tiempo entre la gestión de sus propias parcelas familiares de cacao y la dirección de la producción de su galardonada marca. Es un hombre que cerró el círculo: del niño que bebía jugo de cacao en el monte al maestro chocolatero que transforma ese mismo fruto en experiencias que conquistan al mundo.

Magaya no es solo una marca de chocolate. Es la materialización de una filosofía que demuestra que la calidad excepcional puede nacer en una piedra de batán, forjarse en la selva peruana y brillar en las vitrinas más exigentes del planeta. Es la prueba concreta de que el talento, cuando se une a la perseverancia y al amor por el origen, no necesita atajos: necesita convicción.

Fuente: Magaya SAC